| un atardecer, al principio de verano, el sol entraba oblicuo y rojo por mi ventana, que daba al oeste.Mi habitacion iba quedando en la penumbra.Entonces se me ocurrió sujetar el retrato de Beatrice, o de Demian, al marco de la ventana y observar cómo lo atravesaba la luz del crepúsculo.El rosotro desapareció sin contornos; pero los ojos enmarcados de rojo, la claridad de la frente y la boca intensamente roja ardían profunda y violentamente sobre la superficie blanca.Permanecí sentado delante de él durante largo rato, aún despues de haberse a pagado los colores. Y lentamente intuí que no se trataba de Beatrice, ni de Demian, sino de mi mismo. El retrato no se me parecia - yo sentia que tampoco era necesario- pero representaba mi vida, era mi interior, mi destino o mi demonio. Herman Hesse Demian |
miércoles, 26 de octubre de 2005
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